
¿Qué significa para ti ser actor en esta etapa de la vida dentro de la industria audiovisual?
Ser actor hoy es tener criterio. Porque talento hay mucho, pero criterio no tanto. Estamos en una industria que a veces confunde visibilidad con profundidad… y yo estoy en un punto donde prefiero una escena honesta que mil vistas vacías. Ser actor hoy, para mí, es saber en qué sí y en qué no te subes.
Hoy estás en Corazón de Oro, ¿por qué crees que este melodrama marca un antes y un después en tu carrera?
Porque me obligó a dejar de jugarle a lo seguro. Corazón de Oro no es un lugar cómodo… y eso se agradece. Creo que muchas veces buscamos proyectos que nos validen, y este me confrontó. Y cuando un proyecto te confronta, te cambia.
¿En qué momento de tu vida te llegó ‘Gabino’ a tu carrera?
Me llegó cuando ya no tenía tantas ganas de caerle bien a todo el mundo. Y eso fue clave. Porque Gabino no pide aprobación… existe. Y para interpretarlo, tuve que soltar esa necesidad de gustar, que a veces en esta industria se vuelve casi una adicción.

¿Qué fue lo primero que hiciste para investigar y abordar este personaje?
Apagar el ruido de afuera. Hoy todo mundo tiene una opinión de cómo “debería” hacerse un personaje… redes, tendencias, fórmulas. Yo decidí no escuchar eso y meterme a lo incómodo: mis propias contradicciones. Porque si partes desde lo real, lo demás se acomoda.
Tu personaje es transgresor, ¿qué significa para ti abordar a un personaje así y cómo lo justificas?
No lo justifico… lo sostengo. Creo que el problema es que queremos que todo sea digerible y correcto, y la vida no es así. Un personaje transgresor te recuerda eso. Y como actor, tu trabajo no es tranquilizar al espectador, es incomodarlo un poquito para que se cuestione.
A la hora de construir a tu personaje en CDO, ¿qué fue lo primero que pensaste? ¿Qué esperas que el público perciba de este?
Pensé: no lo suavices para que guste. Porque cuando empiezas a actuar pensando en la aprobación, ya perdiste. Me interesa que el público lo vea y diga “no sé si me cae bien, pero no lo puedo ignorar”. Eso es mucho más potente que caer bien.
¿Cómo le imprimes verdad?
Dejando de pensar en cómo me voy a ver. Porque en cuanto estás pensando en tu ángulo, en si te ves bien, en si va a gustar, ya estás fuera de la escena. Y eso pasa más de lo que nos gustaría aceptar.
¿Qué tan difícil es soltar las emociones por las que atraviesa tu personaje?
Difícil es no romantizarlas. Porque también hay una tendencia a glorificar el sufrimiento del actor. Esto es un trabajo. Lo das todo en el set, pero también tienes que tener la madurez para soltarlo. Si no, te consumes.

¿Qué está cambiando en ti después de darle vida a Gabino?
Me está quitando filtros. Y eso da miedo, porque te deja más expuesto, pero también más libre. Creo que me estoy permitiendo ser menos correcto y más real, dentro y fuera del set.
Te toca compartir mucho en esta historia con Gala Montes y Rafael Novoa, ¿qué tal la dupla que has construido con cada uno dentro y fuera del set?
Muy honesta. Y eso no siempre pasa. Con Gala hay una energía muy viva, muy de presente… no puedes distraerte. Y con Rafael hay una contundencia que te obliga a estar a la altura. No es complaciente, y eso se agradece. Creo que los tres entendemos que esto no va de lucirse, va de contar algo juntos.
¿Qué tipo de personajes esperas que lleguen a tu carrera después de este?
Los que no sean cómodos. Ya no me interesa coleccionar personajes correctos. Me interesa meterme en terrenos donde no tenga todas las respuestas. Ahí es donde realmente pasa algo.
¿Cuál ha sido la lección más importante que has aprendido en tu vida gracias a la actuación?
Que este no es un negocio de likes, es un oficio. Y si lo reduces a validación inmediata, te pierdes lo más importante: el proceso, la profundidad y el tiempo que toma construir algo que valga la pena. Y también he entendido algo incómodo: no todo el mundo que está en esto ama el oficio, y se nota.
¿Qué te influyó para dedicarte a la actuación y cuál fue tu primer gran momento?
La curiosidad por el ser humano y cierta inconformidad con la superficie. Mi primer gran momento no fue cuando me vieron, fue cuando me creí capaz. Eso cambia todo.
¿Qué recuerdas de tu primer proyecto en televisión?
Recuerdo el nervio, pero también la emoción de saber que estaba donde quería estar. Y también recuerdo que quería hacerlo perfecto. Hoy ya no quiero hacerlo perfecto, quiero hacerlo vivo.
¿Qué le dirías a las generaciones que vienen atrás de ti y que se quieren dedicar a la actuación?
Que no confundan exposición con carrera. Hoy es muy fácil ser visto, lo difícil es sostenerse. Y eso no te lo da un video viral, te lo da el oficio, la disciplina y las horas donde nadie te está viendo.
¿Cómo ves la evolución de la telenovela? ¿Sigue vivo el género en esta época?
Totalmente vivo. Lo que pasa es que ahora también compite con la inmediatez. Pero la telenovela tiene algo que las redes no pueden replicar: tiempo para desarrollar emociones. Y eso, cuando está bien hecho, sigue siendo poderoso.
¿Quién es Deicardi Díaz?
Alguien que está aprendiendo a no confundirse con el ruido. Un actor que disfruta el juego, pero que también respeta profundamente el oficio. Y alguien que entiende que esto no va de ser visto, va de ser recordado.




Deja un comentario